Sentirme útil

Dos veces inicié mi rol de empresaria, con registro formal en cámara comercio, lo que me facilitó aceptar contratos con entidades que prefieren relación comercial con personas jurídicas. Dos veces repetí el principal error: no actuar como gerente. Mi excusa, soy productora no administradora.

Fracasé. No cuento con autonomía y estabilidad financiera. Sí tengo muchos compromisos bancarios por la gimnasia entre tarjetas. Es innegable mi necesidad de reactivar mi productividad.

Ad portas de cumplir 53 años y casi treinta de experiencia laboral, mi autoestima profesional está frágil. La cotidianidad está repleta de dispositivos digitales que demandan habilidades tecnológicas para relacionarte, para funcionar en ese universo. Que por demás, y por la pandemia, es el único saludable para ser visible. Y mi estatus es prácticamente de analfabeta. Me abruman la velocidad y el volumen de información que todos parecen comprender y manejar, excepto yo. Mis hijas adolescentes no me tienen paciencia.

Soy exigente con la ortografía. Eficiente para resumir ideas. Sensible para estructuras narrativas pedagógicas. Paciente para describir y ejemplificar. Metódica para estructurar un discurso. Flexible para dejarme dirigir. Atenta para escuchar. Humilde para solicitar y aceptar ayuda. Respetuosa de la experticia del otro.

Y, sinembargo, me siento poco útil. Esta incursión como blogger es mi atrevimiento. Es mi empezar a nadar, aunque sin gracia aparente, en esta piscina digital.

angelicaestrada

Inspirar con mi expresión

Más allá de hipótesis científicas, o relatos de ficción ¿quién iba a pensar que algo de tamaño microscópico alteraría todo un planeta y la forma en que nos relacionamos los humanos? Estamos de acuerdo: nadie.

La pandemia evidenció la importancia que tiene relacionarnos, entendida como la necesidad de crear vínculos con otros, voluntariamente. Porque, entre humanos, comunicarnos es mucho más que un proceso de transacción de información. Eso lo hacen software y robots. Nosotros, en cada expresión, incluimos un contexto único: emoción.

Es por eso que nuestros mensajes pueden ser bien o mal recibidos; adecuados o no al objetivo de comprensión.

¿Qué tan consciente eres de tu actitud al expresarte?

Claramente, si construyes y emites el mensaje, esperas alguna respuesta. Lo hayas pensado o no, cada conversación que inicias tiene un propósito: saludar, verificar, identificar o reportar el estado actual de alguna persona o situación. Tienes pues, una expectativa al contactar a esa persona. Pretendes algo.

Y, según el tono, según las palabras que eliges para abordar esa conversación, estás determinando la comprensión eficiente o no, de tu mensaje. Porque tu actitud se suma al qué expresas.

El Español tiene un universo de más de 100 mil palabras; según estimaciones recientes de la Real Academia Española (RAE) -marzo 25 de 2020-. Al sumarle un 30% de palabras tipo regionalismos, y otro 70% de los llamados americanismos, la cifra se duplica. Así que, opciones tenemos de escoger conscientemente, para expresarnos, cuáles palabras y en qué orden. Para ayudarnos a filtrar ese universo de opciones, necesitamos ser conscientes de nuestra actitud narrativa.

Retomemos el punto de partida. Tenemos una expectativa de comprensión de nuestro mensaje al expresarlo. Queremos garantizar la eficiencia en esa transacción de comunicación, que sabemos está suscrita a una emoción. Acaso ¿puedo elegir la emoción? Sí. Porque es mi decisión el tono con el cual estructuro el mensaje, siempre y cuando esa decisión sea consciente.

Aunque tan variadas como las emociones son las lecturas que los otros hacen de nuestra expresión, -lo que se conoce como percepción del mensaje-, las emociones pueden clasificarse en tres grupos: negativas, neutras y positivas.

Las emociones negativas son todas aquellas que nos llevan a perder el control, porque nos superan. Ira que trae resentimiento, envidia, odio. Miedo que origina ansiedad, incertidumbre, fobia. Tristeza que evidencia fragilidad, pesimismo, desgano. Vergüenza, que resalta culpabilidad, inseguridad, fracaso. Aversión, que expresa desprecio, hostilidad, antipatía.

Las emociones neutras son aquellas no contundentes.  Con una percepción ambigua porque se mueven hacia las negativas o positivas, según el contexto en el que son expresadas: sorpresa, esperanza, compasión, serenidad.

Las emociones positivas, por su parte, facilitan la expresión de soluciones, de construcción en conjunto entre interlocutores, de creación de vínculos.  Emociones como la alegría que se expresa con entusiasmo, diversión y buen humor.  El amor, que se viste de amabilidad, confianza, respeto, gratitud, empatía. Y, la felicidad, que proyecta bienestar, tranquilidad, satisfacción.

Entonces, si decido conscientemente cuál emoción dará contexto a mi actitud al expresarme, me acerco en 99% a ser eficiente en mi transacción de comunicación. El otro 1% está en manos de mi interlocutor, su percepción al recibir mi expresión.

Activa tu voz

El llamado global -hoy obligado por la pandemia-, es a transformar nuestros hábitos de relacionamiento. Estamos empujados a apreciar cada contacto, aunque sea virtual. Cobra más importancia que nuestra expresión cotidiana sea extraordinaria, que genere valor, que sea positiva, que aporte a la transformación.

Y en ese tránsito hacia una mejor versión del ser humano, tenemos la opción de volver a aprender cómo expresarnos. De re-aprender a activar nuestra actitud propositiva.

Mi invitación es a observarte, escucharte, reflexionar sobre tu manera de expresarte. Desaprender tu expresión inconsciente. Dejar de hablar/escribir en automático. Y mejor proponerte, conscientemente, ofrecer soluciones en tu conversación. Inspirar con tu expresión.

angelicaestrada

Activa tu voz/comunicación/10 julio, 2020

Fuente consultada:  blogs.eitb.eus/inteligenciaemocional

Estructura asertiva básica

Activa tu lupa/comprensión lectora/20 julio, 2020

Al escribir, el objetivo básico es que quien nos lea, comprenda lo que expresamos. Y expresar una idea tiene múltiples opciones, comenzando por la grafía de cada palabra y su posición en la frase. Al hablar, al escribir y al leer, codificamos y decodificamos. Las palabras son nuestros códigos. Y según la manera en que las ordenamos para construir nuestro mensaje, las palabras sirven para:

  • Orientar un significado
  • Describir un contexto
  • Proyectar una emoción

Antes que aprender a escribir, aprendemos a leer. Nos familiarizamos con letras y su fonética. Iniciamos la composición de palabras leyendo la unión de sílabas. Comenzamos a relacionar el significado de cada palabra según su grafía. Jugamos con la función de las palabras según su posición en la frase. Y, al leer frases, nos iniciamos en la comprensión de ideas simples. Aquellas expresadas en frases sencillas con la estructura básica sujeto-verbo-predicado.

Desde el punto de vista de la efectividad del mensaje comunicado por escrito, las frases con estructura sujeto-verbo-predicado, son las frases más asertivas. Porque al leerlas, es fácil comprender quién-hace-qué. Son directas, claras y precisas en su emoción, en el tono de su expresión.

¿Cómo fortalezco mi comprensión lectora? Leyendo y aplicando cuatro pausas a manera de lupa.

  1. Verifica: la ventaja de leer es que puedes volver a hacerlo para confirmar tu percepción inicial.
  2. Pregúntate: oblígate a resumir, a identificar la idea principal.
  3. Traduce: oblígate a buscar sinónimos que te resulten más familiares, que te permitan decir la frase de otra manera, que aunque cambies la forma de la expresión, no cambies el significado, no alteres la idea.
  4. Imagina: oblígate a visualizar el objeto o situación descritos; tu cerebro guarda y asocia más fácil imágenes que palabras.

Inténtalo ¡Activa tu lupa!

angelicaestrada

Dependemos de los océanos

Eco Actúa/agua/17 julio, 2020

La dimensión del agua en el planeta ya es una fotografía mental. Gracias a los humanos atrevidos que se aventuraron a mirarnos desde el espacio, comprobamos que los océanos ocupan dos tercios de nuestro mundo. Pero ¿qué tan conscientes somos de su importancia para nuestra subsistencia?

Los océanos son esenciales para el planeta. Son los sistemas circulatorios de la economía mundial. El 90 % de lo que consumimos llega a nosotros a través de buques. El 50% del aire que respiramos se produce en los océanos. En algunos lugares del mundo, más del 80% de la proteína consumida proviene de los océanos. 56 millones de personas trabajan allí. Es un espacio próspero, del cual depende de manera vital buena parte del comercio y el ambiente.

Ian Urbina, periodista

Para quienes vivimos entre montañas, no es sencillo imaginar que una acción cotidiana en nuestras casas afecta el balance -cada vez más frágil- de la vida en los océanos. Y mucho menos se nos ocurre, que tal efecto puede llegar a instalarse en nuestra corriente sanguínea.

Sabemos que nuestros deshechos de plástico, por inadecuada disposición, pueden llegar a ríos y de allí al mar. Pueden crear lagunas de basura, agotar el oxígeno en reservorios de agua y asfixiar múltiples seres marinos. Y luego de muchos años, reducirse a partículas diminutas y volverse micro-plástico. Esto último, resultado de un proceso largo que seguimos sintiendo lejano. La mala noticia es que hay formas más rápidas de llegar a acumular micro-plástico.

Las industrias textil, automotriz y de construcción, por ejemplo, se han propuesto reutilizar el plástico. Es algo bueno. El asunto es que, cuando hacemos una disposición inadecuada de prendas, empaques, botellas, tapas y bolsas elaborados con plástico reciclado, terminan en drenajes que llegan al océano; y en constante humedad y acidificación variable, sus formas compactas pierden tal cualidad y liberan el micro-plástico.

Son tan altas las cantidades de estas micro partículas que ya comenzaron a bioacumularse. Es decir, los peces las están ingiriendo como parte de su alimentación. Luego nosotros comemos esos peces y los micro-plásticos terminan en nuestros cuerpos.

Desde casa ¿qué puedo hacer yo para evitarlo o por lo menos disminuir la acumulación de micro-plástico en los océanos? Además de reducir el consumo de empaques de plástico de un único uso, es mi responsabilidad clasificar los desechos plásticos. Una vez separados, es más sencillo para los recicladores reunirlos como insumo para productores de: madera plástica, micro-fibras, tapas, estuches, aislantes, pinturas, entre otros. Y comenzar de nuevo el circuito de producción y consumo sostenibles.

No hacerlo, es desconocer la finitud de nuestro recurso hídrico.

Eco Actúa, clasifica tu basura.

angelicaestrada

Fuente consultada: periódico El Tiempo

Imagen tomada de Plastic Garbage Project