Inspirar con mi expresión

Más allá de hipótesis científicas, o relatos de ficción ¿quién iba a pensar que algo de tamaño microscópico alteraría todo un planeta y la forma en que nos relacionamos los humanos? Estamos de acuerdo: nadie.

La pandemia evidenció la importancia que tiene relacionarnos, entendida como la necesidad de crear vínculos con otros, voluntariamente. Porque, entre humanos, comunicarnos es mucho más que un proceso de transacción de información. Eso lo hacen software y robots. Nosotros, en cada expresión, incluimos un contexto único: emoción.

Es por eso que nuestros mensajes pueden ser bien o mal recibidos; adecuados o no al objetivo de comprensión.

¿Qué tan consciente eres de tu actitud al expresarte?

Claramente, si construyes y emites el mensaje, esperas alguna respuesta. Lo hayas pensado o no, cada conversación que inicias tiene un propósito: saludar, verificar, identificar o reportar el estado actual de alguna persona o situación. Tienes pues, una expectativa al contactar a esa persona. Pretendes algo.

Y, según el tono, según las palabras que eliges para abordar esa conversación, estás determinando la comprensión eficiente o no, de tu mensaje. Porque tu actitud se suma al qué expresas.

El Español tiene un universo de más de 100 mil palabras; según estimaciones recientes de la Real Academia Española (RAE) -marzo 25 de 2020-. Al sumarle un 30% de palabras tipo regionalismos, y otro 70% de los llamados americanismos, la cifra se duplica. Así que, opciones tenemos de escoger conscientemente, para expresarnos, cuáles palabras y en qué orden. Para ayudarnos a filtrar ese universo de opciones, necesitamos ser conscientes de nuestra actitud narrativa.

Retomemos el punto de partida. Tenemos una expectativa de comprensión de nuestro mensaje al expresarlo. Queremos garantizar la eficiencia en esa transacción de comunicación, que sabemos está suscrita a una emoción. Acaso ¿puedo elegir la emoción? Sí. Porque es mi decisión el tono con el cual estructuro el mensaje, siempre y cuando esa decisión sea consciente.

Aunque tan variadas como las emociones son las lecturas que los otros hacen de nuestra expresión, -lo que se conoce como percepción del mensaje-, las emociones pueden clasificarse en tres grupos: negativas, neutras y positivas.

Las emociones negativas son todas aquellas que nos llevan a perder el control, porque nos superan. Ira que trae resentimiento, envidia, odio. Miedo que origina ansiedad, incertidumbre, fobia. Tristeza que evidencia fragilidad, pesimismo, desgano. Vergüenza, que resalta culpabilidad, inseguridad, fracaso. Aversión, que expresa desprecio, hostilidad, antipatía.

Las emociones neutras son aquellas no contundentes.  Con una percepción ambigua porque se mueven hacia las negativas o positivas, según el contexto en el que son expresadas: sorpresa, esperanza, compasión, serenidad.

Las emociones positivas, por su parte, facilitan la expresión de soluciones, de construcción en conjunto entre interlocutores, de creación de vínculos.  Emociones como la alegría que se expresa con entusiasmo, diversión y buen humor.  El amor, que se viste de amabilidad, confianza, respeto, gratitud, empatía. Y, la felicidad, que proyecta bienestar, tranquilidad, satisfacción.

Entonces, si decido conscientemente cuál emoción dará contexto a mi actitud al expresarme, me acerco en 99% a ser eficiente en mi transacción de comunicación. El otro 1% está en manos de mi interlocutor, su percepción al recibir mi expresión.

Activa tu voz

El llamado global -hoy obligado por la pandemia-, es a transformar nuestros hábitos de relacionamiento. Estamos empujados a apreciar cada contacto, aunque sea virtual. Cobra más importancia que nuestra expresión cotidiana sea extraordinaria, que genere valor, que sea positiva, que aporte a la transformación.

Y en ese tránsito hacia una mejor versión del ser humano, tenemos la opción de volver a aprender cómo expresarnos. De re-aprender a activar nuestra actitud propositiva.

Mi invitación es a observarte, escucharte, reflexionar sobre tu manera de expresarte. Desaprender tu expresión inconsciente. Dejar de hablar/escribir en automático. Y mejor proponerte, conscientemente, ofrecer soluciones en tu conversación. Inspirar con tu expresión.

angelicaestrada

Activa tu voz/comunicación/10 julio, 2020

Fuente consultada:  blogs.eitb.eus/inteligenciaemocional

Publicado por AngélicaEstrada

Comunicadora social-periodista/ locutora/ facilitadora-tallerista Mi propósito es inspirar a otros para que su expresión cotidiana sea asertiva

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